El dolor en la capital iraní este sábado 28 de febrero de 2026 no tiene precedentes. Lo que inicialmente se reportó como un ataque quirúrgico contra centros de mando, resultó en la eliminación del entorno más íntimo del Ayatolá Alí Jamenei. Fuentes de la residencia oficial, una vez recuperados los sistemas críticos tras la incursión aérea, ratificaron lo que el mundo temía: el fuego no distinguió jerarquías.
El saldo de víctimas fatales dentro del círculo familiar del Ayatolá incluye:
- Su hija: Quien se encontraba junto a él en las oficinas de la residencia.
- Su yerno: Importante figura de enlace dentro del gobierno.
- Su nieto: Representando la tercera generación de la familia del Líder.
- Su nuera: Elevando el número de familiares directos fallecidos en el lugar.
Una respuesta de fuego y ceniza
La confirmación de estas muertes ha sido el combustible para una respuesta militar iraní de una magnitud nunca antes vista. Las fuerzas estratégicas de la nación persa no esperaron al amanecer para intensificar el lanzamiento de proyectiles hacia Tel Aviv y diversas bases militares estadounidenses en el Golfo, buscando golpear con la misma fuerza con la que fueron heridos.
«El martirio de la familia de nuestro Guía no quedará sin respuesta. Cada gota de sangre derramada en Teherán se convertirá en un misil de justicia», advirtieron voceros militares desde el anonimato.
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