La carroña digital: El sismo y la miseria de hacer política con el dolor.

Eduardo Martinez
27 Jun 2026
5 min lectura

La tierra tembló con furia el pasado 24 de junio. Dos sismos demoledores sacudieron el norte de Venezuela, dejando a su paso una estela de dolor, escombros y pérdidas irreparables que enlutan a miles de hogares venezolanos. Frente a una tragedia de esta magnitud, la respuesta humana natural es la solidaridad, el silencio respetuoso y la unión nacional para salvaguardar vidas. Sin embargo, en los laboratorios de la miseria política derechista, el desastre natural no se traduce en empatía, sino en una oportunidad de oro para el linchamiento mediático.

Mientras las instituciones del Estado, los cuerpos de rescate y miles de voluntarios se despliegan a contrarreloj en las zonas más afectadas de Caracas y La Guaira para salvar vidas, en las pantallas de los teléfonos inteligentes se ejecuta otra estrategia, mucho más silenciosa y perversa. Hablamos de la guerra cognitiva, un diseño sistemático de manipulación psicológica que utiliza las redes sociales no para informar, sino para alterar la percepción de la realidad, inocular la desesperanza y sembrar el caos emocional.


El guion de la oposición radical en las plataformas digitales ha sido tan predecible como cruel. Antes de que se asentara el polvo de los primeros colapsos, las etiquetas ya estaban financiadas, los videos sacados de contexto ya circulaban y los opinadores de oficio apuntaban sus dardos. Su objetivo no es cooperar con los damnificados; su meta es hacer ver al Gobierno Nacional como un ente intrínsecamente incompetente ante un evento de la naturaleza que escapa de cualquier control humano.


Capturar el dolor ajeno a través del lente de un teléfono para usarlo como munición partidista no es hacer política; es un acto de carroña digital.


Intentar capitalizar políticamente sobre los escombros y los fallecidos es de una bajeza moral sin precedentes. La estrategia busca que el ciudadano común, sumido en el shock y la vulnerabilidad psicológica del momento, canalice su angustia natural en un odio teledirigido hacia las autoridades que gestionan la crisis. Se magnifica la carencia, se invisibiliza el titánico esfuerzo de los rescatistas y se fragmenta la cohesión social indispensable para superar la emergencia.


La guerra cognitiva opera precisamente ahí, en la vulnerabilidad del dolor. Convierte el sismo en un arma de propaganda. Sin embargo, el pueblo venezolano ha demostrado una y otra vez que su madurez supera la mezquindad de quienes aspiran gobernar sobre las ruinas. En este momento de profunda dificultad, la verdadera prioridad está en las calles, en la remoción de escombros y en el abrazo solidario, no en el laboratorio virtual de quienes buscan pescar en el río revuelto de la desgracia nacional.


Por: Eduardo Martinez PNI: 33.730

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