El presidente de la República Socialista de Vietnam, To Lam, enfatizó que la misión central de la presente generación radica en gestionar los cambios globales para evitar que la competencia entre potencias degenere en confrontación abierta o conflicto militar. En su discurso, planteó prioridades estratégicas orientadas a reafirmar la vigencia de la Carta de las Naciones Unidas, defender la integridad territorial de los estados y garantizar el derecho de cada pueblo a elegir de manera autónoma su propio modelo de desarrollo, sin sufrir presiones, amenazas del uso de la fuerza o interferencias en sus asuntos internos.
Por su parte, el presidente de la República de Nauru, David Ranibok Adeang, instó a las potencias globales a pasar del discurso a la acción para devolver la credibilidad al sistema internacional, recalcando que la cooperación genuina exige respeto mutuo entre las partes y no una alineación ideológica absoluta. En esa misma línea, el presidente de Suiza, Guy Parmelin, advirtió sobre las repercusiones que genera la erosión de la confianza en la estabilidad y la economía mundial, señalando que las alianzas multilaterales no deben utilizarse para imponer un pensamiento único, principio fundamental de cara a los retos normativos que plantea la actual revolución tecnológica.
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