La crisis política en Haití ha dado un giro radical bajo la presión directa de los Estados Unidos. La llegada de tres buques de guerra frente a las costas de Puerto Príncipe, incluido el destructor USS Stockdale, marcó el ritmo de un reordenamiento institucional que ha dejado al país caribeño sin sus últimos órganos colegiados de transición.
El pasado 7 de febrero, el Consejo Presidencial de Transición (CPT) fue disuelto tras semanas de intensas presiones diplomáticas desde Washington. Este organismo, que buscaba una salida consensuada a la crisis haitiana, desapareció justo cuando la mayoría de sus miembros exigían la salida del primer ministro Alix Didier Fils-Aimé.
Un poder concentrado y externo
Pese al rechazo interno, el Departamento de Estado de EE. UU. respaldó de forma total la permanencia de Fils-Aimé. El portavoz estadounidense, Tommy Pigott, fue tajante al declarar que el Consejo debía desaparecer para evitar "interferencias", coincidiendo con la advertencia de su embajada de que cualquier cambio de gobierno sería visto como una amenaza a la estabilidad regional.
Fils-Aimé, un empresario cuyo único intento por llegar a un cargo de elección popular fracasó en 2016, queda ahora al frente del Ejecutivo en una nación que no celebra comicios desde hace casi diez años.
“La hoja de ruta electoral ha quedado subordinada a un esquema de control externo”, denunciaron organizaciones sociales haitianas, alertando que esta maniobra ignora la soberanía del pueblo.
Crisis humanitaria en aumento
Mientras el ajedrez político se mueve al ritmo de los patrulleros de la Guardia Costera norteamericana, la realidad en las calles de Puerto Príncipe sigue siendo desgarradora. La violencia de las bandas y los desplazamientos forzados no han dado tregua, y para muchos analistas, la consolidación de un gobierno sin base electoral solo profundiza la brecha entre la dirigencia impuesta y las necesidades de una población sumida en la emergencia.
Con este escenario, Haití entra en una nueva fase de incertidumbre, donde las decisiones ya no parecen tomarse en los palacios de gobierno locales, sino en los puentes de mando de los buques extranjeros anclados en su bahía.
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