Díaz-Canel fue enfático al señalar la contradicción histórica de Washington: mientras acusa a Cuba, permite que desde suelo estadounidense se financien y organicen actos contra la integridad del pueblo cubano.
El peso de la historia: De Barbados a Guantánamo
El jefe de Estado recordó que el terrorismo ha dejado cicatrices profundas en la memoria cubana, citando como ejemplo el sabotaje al vuelo de Cubana de Aviación en 1976, donde 73 civiles perdieron la vida.
- Sin bases extranjeras: Desmintió la presencia de operaciones de inteligencia o bases militares de otras naciones, aclarando que la única base extranjera en la isla es la de Guantánamo, mantenida por EE. UU. contra la voluntad nacional.
- Cooperación legal: Defendió que los acuerdos militares con países aliados (como Rusia o China) se mantienen estrictamente bajo el derecho internacional, tal como lo hace cualquier nación soberana.
El "juego político" de las listas
Díaz-Canel denunció la arbitrariedad con la que se manejan estas categorías, recordando que la administración anterior de Joe Biden retiró a Cuba de dicha lista al reconocer la falta de evidencias, solo para que la actual administración de Donald Trump la reincorporara al inicio de su segundo mandato por puros intereses geopolíticos.
«Cuba no representa ninguna amenaza para la seguridad de Estados Unidos, ni ha ejecutado jamás acciones agresivas contra su integridad territorial», afirmó con rotundidad el presidente.
Doble rasero internacional
El mandatario cuestionó el silencio de ciertos organismos internacionales frente a lo que llamó "terrorismo de Estado", mencionando las agresiones contra Venezuela, el respaldo al genocidio en Gaza y las ejecuciones extrajudiciales. Para Díaz-Canel, el verdadero factor de desestabilización global es la política coercitiva estadounidense, que utiliza la desinformación para justificar sanciones.
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