Esta cifra no solo contempla el despliegue operativo, sino también una sangría constante en infraestructura: aproximadamente una décima parte de ese gasto corresponde exclusivamente a la reposición de equipo militar destruido en los enfrentamientos.
Desglose de las pérdidas materiales
Expertos como Elaine McCusker, exfuncionaria del Pentágono, estiman que el costo total acumulado se sitúa entre los 22.300 y 31.000 millones de dólares. El inventario de pérdidas incluye tecnología de punta que no se reemplaza de la noche a la mañana:
- Radares AN/TPY-2: Valuados en 485 millones de dólares cada uno.
- Avión E-3 Sentry: Un sistema de alerta temprana valorado en más de 700 millones de dólares.
- Portaviones USS Gerald R. Ford: Reportado con daños significativos que afectan su operatividad.
«Los equipos dañados a veces se pueden reparar en días, mientras que algunos sistemas destruidos tardarán años en reemplazarse», advirtió McCusker, subrayando la fragilidad de la cadena de suministros bélicos.
El costo humano y fiscal
Más allá del metal y los circuitos, el balance humano desde el 28 de febrero registra 13 muertes y más de 300 heridos en las filas estadounidenses. Ante este escenario, el Pentágono ya ha solicitado al Congreso una partida extraordinaria de 200.000 millones de dólares para sostener las operaciones.
Por su parte, Mark Cancian, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), advierte que estas cifras podrían ser apenas la punta del iceberg: «Los detalles siguen siendo muy limitados. El costo podría ser significativamente mayor dependiendo del equipo que se encontrara dentro de las instalaciones atacadas».
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