A través de una reseña en su cuenta oficial de Instagram, Infantino valoró el despliegue táctico de ambos combinados y aplaudió la entrega de los jugadores iraníes, quienes sumaron su segundo punto del torneo tras haber igualado previamente 2-2 en su debut contra Nueva Zelanda en Los Ángeles.
«Hemos sido testigos de otra inspiradora muestra de resistencia y pasión por parte de la selección de Irán, que sigue invicta en esta Copa Mundial, al igual que su rival, la selección de Bélgica», expresó el jerarca de la FIFA, destacando además el vibrante colorido y el comportamiento ejemplar de las aficiones de ambos países que abarrotaron las tribunas.
Este espaldarazo público se suma al gesto que tuvo el propio Infantino la semana pasada, cuando bajó directamente al vestuario de la selección de Irán en Los Ángeles para reconocer su esfuerzo frente a los neozelandeses: «Demostraron a sus familias, a su pueblo y al mundo entero que están en el Mundial, que compiten y que les quedan dos partidos más», les manifestó en aquella oportunidad.
La odisea iraní: Concentrados en México y jugando en EE. UU.
Más allá de los meritorios resultados deportivos, la delegación de Irán está protagonizando la dinámica más inusual del torneo. Debido a severas restricciones y demoras en la aprobación de visados por parte de las autoridades de los Estados Unidos, el equipo no ha podido establecer un campamento base definitivo en territorio estadounidense.
Como solución de emergencia, el cuerpo técnico fijó su centro de operaciones en la ciudad fronteriza de Tijuana, en México. Bajo este esquema, la selección de Irán vive una rutina extenuante:
- Ingresa a los Estados Unidos exclusivamente para disputar sus encuentros oficiales.
- Debe abandonar el territorio norteamericano inmediatamente después de que el árbitro pita el final del compromiso para regresar a suelo mexicano.
Ante esta situación, el cuerpo técnico iraní anunció que presentará una queja formal ante la FIFA debido a que los organizadores locales rechazaron su plan de contingencia, el cual contemplaba permitirles viajar a las ciudades sede al menos dos días antes de cada partido y regresar a Tijuana veinticuatro horas después, obligándolos a traslados de última hora que afectan el descanso de los atletas.
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