Inspirado en los pasajes evangélicos dedicados al perdón incondicional, el pontífice advirtió que la persistencia del rencor, las acusaciones y el deseo de venganza destruyen la convivencia armónica y constituyen el detonante directo de los enfrentamientos bélicos. En este sentido, enfatizó que el recuerdo del evento ocurrido hace un cuarto de siglo debe impulsar un verdadero compromiso moral y político entre las naciones para desarmar la espiral de violencia, resguardar la soberanía de las naciones y defender la vida de los sectores más vulnerables.
Asimismo, el jefe de la Iglesia católica subrayó que la diplomacia fundada en el respeto mutuo y la solidaridad humana representan las únicas vías indispensables para superar el odio y prevenir la aparición de nuevos focos de tensión. Para el Papa, la vivencia de la fe debe traducirse en acciones concretas capaces de frenar el sufrimiento de las familias golpeadas por la guerra, promoviendo la reconciliación internacional y la construcción de un orden global más justo y pacífico.
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