El impacto de la catástrofe se extiende también a la Región Autónoma del Tíbet, donde los reportes de las autoridades chinas suman 16 decesos y 546 personas extraviadas, elevando el balance trágico en toda la zona montañosa a 919 muertos y más de 4.700 desaparecidos. Ante el colapso de la red hospitalaria y la falta de sistemas de refrigeración adecuados para conservar los cadáveres recuperados, las autoridades nepalíes procedieron a realizar entierros tempranos previa toma de muestras de ADN, permitiendo a los familiares identificar a las víctimas mediante fotografías proyectadas en pantallas digitales.
Las maniobras de salvamento desplegadas por el ejército nepalí se concentran prioritariamente en el despeje de túneles en un complejo hidroeléctrico donde permanecen atrapados 933 trabajadores, así como en el rastreo de decenas de turistas y peregrinos que se dirigían hacia el monte Kailash. Pese a las complicaciones generadas por las lluvias nocturnas, la crecida de los ríos y la formación de inestables lagos de escombros tras el desprendimiento glaciar, los equipos de ingenieros mantienen las operaciones de perforación para intentar evacuar con vida a los sobrevivientes.
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